2 dic. 2015

Recuerdo que incluso siendo muy pequeña ya me era muy difícil dormir. Permanecer tumbada era un suplicio, con toda aquella energía infantil hirviendo en mis venas. Daba vueltas, cerraba los ojos con fuerza y volvía una y otra vez a abrirlos, temorosa de lo que podía estar ocurriendo allá fuera. Mi mente recorría caminos extraños, creaba, destruía, y llenaba la habitación de atmósferas asfixiantes. Deseaba levantarme, pero imaginaba que el suelo había desaparecido, que debajo de mi cama un ser tenebroso esperaba para alimentarse de mis tobillos huesudos, o que al salir de mi habitación podía irrumpir en una dimensión diferente, que se expandía sobre nuestro mundo durante la noche, y que al penetrar en ella nunca podría regresar. Cuando mi desesperación me arañaba el estómago me atrevía a romper el silencio, de una sola vez, con fuerza, mamátengosed, o mamánopuedodormir, o simplemente mamá. Y entonces me encogía de terror ante lo que podía desencadenar mi atrevimiento, y a  veces mi madre acudía, y a veces no, pero en cualquier caso eso nunca atraía al sueño.


Antes de dormir deberías rezar, me dijo mi padre. No sé rezar, no sé qué es eso. Me dice que rezar es hablar con los muertos y pedir que te protejan. Me dice que hable con mi abuelo, con su padre, y me sorprende pensar que mi padre tenga a su vez un padre, y que además sea un muerto. Y me dice que su padre es ahora un ángel que me observa toda la noche y se asegura de que estoy bien. Sé lo que son los ángeles, tienen que ver con dios y el cielo.  Arrodillaté, pon las manos así, hablalé. Y yo lo hago porque me lo dice mi padre, pero tengo miedo, tengo miedo de estar de rodillas, tengo miedo de hablar con seres invisibles. Hazlo en tu cabeza, tienes que hablar en tu cabeza y él te oye. Entonces cierro los ojos y pienso, por favor vete, no estés en mi cuarto. Y me meto en la cama con aún más miedo, porque este ser no lo he inventado yo, éste viene de fuera de mi cabeza. Y  lo repito cada noche, y el sueño es cada vez más esquivo.

4 comentarios :

  1. Tanto tiempo sin saber de ti... y dejas esta maravilla, un verdadero regalo.
    Cuánto me alegro.
    Mi abrazo enorme

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  2. "porque este ser no lo he inventado yo", qué giro tan magnífico. a veces creo que no ser niño tampoco es tan terrible.

    me encantó.

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    1. :) Gracias! Ser niño es duro, pero parece que a los adultos se les ha olvidado.

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